SITUACIÓN DE LA POBLACIÓN VENEZOLANA EN LA FRONTERA DE PISIGA

24/02/2021.- La actual crisis sanitaria que vive el mundo por la pandemia del COVID 19 ha llegado a encarecer las condiciones de vida de la población más vulnerable entre ellos los migrantes, especialmente venezolanos que recorren los países de Latinoamérica en busca de una vida mejor. El flujo migratorio se ha visto exacerbado y las condiciones son cada vez más precarias.

Asimismo y ante la actual situación de la región, algunos gobiernos han procedido a militarizar sus fronteras para controlar el tránsito de migrantes y en el mes de enero 2021 la frontera Bolivia – Chile, motivo por el que Pastoral Social Caritas Bolivia, en coordinación con la Pastoral Social Caritas Oruro, realizó una misión a la localidad de Pisiga Bolívar, acompañadas de representantes de organizaciones como Visión Mundial, el Defensor del Pueblo Nacional y el ACNUR, con el objetivo de identificar la situación de migrantes venezolanos que cruzan esa frontera hacia el hermano país de Chile.

Pisiga se encuentra a una altura de 3.707 metros de altura s/n del mar, ubicada en pleno altiplano boliviano, a 248 km de la ciudad de Oruro y 2 kilómetros de Colchane (lado chileno). Región donde el sol es abrazador en el día y en la noche el viento gélido anuncia que la temperatura bajó hasta cero grados centígrados algunos días.

En la misión se realizaron acciones de contacto con autoridades del lugar y personas de la comunidad, siendo la principal fuente de información las hermanas de la Congregación Católica “Hijas de la Caridad de San Vicente de Paúl”, que administran la Casa de Acogida para migrantes “Estar en Frontera”, infraestructura que fue construida por el Obispo de la Diócesis de Oruro Monseñor Cristóbal Bialasik.

Los resultados de la misión describen situaciones de migrantes acostumbrados a vivir a nivel del mar, obligados a transitar por suelos de arena desérticos, con poca agua, sin comida, mochilas pesadas y a una altura de más de 3.000 metros sobre el nivel del mar, sufriendo las inclemencias del tiempo, de la altura y del terreno arenoso que hacen mella en sus cuerpos y en su alma, pues la desesperación y soledad es extrema.

A principios del mes de enero de 2021, el paso de migrantes (venezolanos, haitianos y colombianos) hacia Chile, de manera irregular, era de 100 a 150 personas por día; luego de que las autoridades chilenas decretaran la militarización de esta frontera, el flujo decreció, llegando a un número de 10 a 12 personas por día, que actualmente siguen cruzando esta frontera. 

Los elementos de bioseguridad de uso obligatorio, a causa de la pandemia, es un artículo de lujo para los migrantes, de tal suerte que la mayoría sólo cuentan con un barbijo que lo utilizan desde hace semanas. El temor al contagio hace que la población nacional, se abstenga de hacerles llegar alguna ayuda, de esta manera la Casa de Acogida es la única opción que les brinda alimentos y agua.

El contacto con autoridades originarias, fue importante, ya que no sólo expresaron su preocupación por el impacto que este inusual flujo migratorio causó en la comunidad, sino que solicitaron coordinar acciones y estar alertas a los acontecimientos que pudieran suscitarse, para dar respuestas de manera que se beneficie a la comunidad y al migrante.

De esta manera concluyó la misión que determinó la elaboración de estrategias de alerta temprana para dar respuestas a las situaciones que pudieran presentarse, en un futuro cercano, en consonancia con las enseñanzas de Cristo: 

“Era forastero y me acogisteis, estaba desnudo, y me vestisteis”, 26.10.2016